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Dolmen de Las Arnillas

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Este mes de agosto anduve de vacaciones por la provincia de Burgos y, buscando información acerca de su patrimonio artístico y arqueológico, encontré un artículo sobre los llamados dólmenes de la Lora-Sedano. Estas dos comarcas vecinas albergan un conjunto monumental de sepulcros megalíticos de época neolítica muy interesantes, algunos de los cuales se pueden visitar, ya que es posible encontrar información sobre sus emplazamientos y los caminos de accesos están bien señalizados. Yo, entre estos, había oído hablar del Dolmen de las Arnillas y decidí ir a visitarlo.

La visita tuvo algo más de dificultad de la que yo me había imaginado; en primer lugar la página de turismo de Burgos situaba el dolmen en el término municipal de Moradillo de Sedano. Sin embargo, llegado al pueblo no encontré por parte alguna señal que indicase el monumento, lo que sí se indicaba era la presencia de una iglesia románica; me dirijo a visitarla y el vecino que me la enseña, preguntado por el dolmen, me dice que llegar a él desde Moradillo es empresa impensable, ya que el camino por medio del monte es muy duro. Me aconseja que me llegue hasta Gredilla de Sedano y al poco de pasar el pueblo encontraré un acceso mejor.

Sigo su amable recomendación y, como al llegar a Gredilla no veo señalización, pregunto a unos vecinos, que me indican, pero me lo desaconsejan, ya que, dicen, hay que andar mucho; hay otro dolmen, me dicen, más accesible, el de Huidobro. Yo sigo en mis trece y unos Kilómetros más allá veo la señal: Dolmen de Las Arnillas (3 Km), pienso para mí, eso no es nada, en media hora estoy allí ¡Ingenuo! 

El destino quiso que fuera un día de plena ola de calor y el camino, en cuanto salí del soto y comencé la subida al páramo, empezó a ponerse duro (ni una sombra) y largo. Pero todas estas pequeñas penalidades se vieron pronto compensadas, primero por el encuentro casual con unos gamos que pasaron ante mis propias narices alegrándome la travesía, y finalmente con la llegada al espectacular emplazamiento del dolmen.

El dolmen está situado en la parte más alta, en una zona de paramera, en un lugar desde donde tiene vista hacia las otras colinas y que abarca una amplia panorámica. Está orientado al sol naciente. Es un lugar deliberadamente escogido para ver y, sobre todo, ser visto, un lugar de prestigio ¿la tumba de algún linaje de jefes? seguramente. El dolmen tiene la típica estructura de sepulcro de corredor, es decir es una tumba de túmulo que contiene en su centro una cámara funeraria más o menos circular (en este caso es más bien poligonal) a la que se accede mediante un corredor que salva la distancia entre la cámara, que está bajo el túmulo, y la parte exterior de éste. 

Así como el corredor tiene unas grandes losas de piedra como cobertura, los llamados ortostatos, la cámara sin embargo no presenta cubierta pétrea, por lo que debió tener algún tipo de techumbre de madera u otro material que no ha dejado registro arqueológico. Estos sepulcros, si la cubierta de tierra no se ha desgastado, en el paisaje se ven como un montículo circular, no siempre distinguibles de las formaciones naturales, salvo para el ojo experto.

El sepulcro fue excavado en los años 80 por Gabriel Delibes, arqueólogo hijo del famoso escritor. Según parece el descubrimiento ocurrió gracias a la notificación de un lugareño que decía que había unas piedras que tenían aspecto de ser algo como una tumba, cuando los arqueólogos reconocieron el terreno confirmaron el hallazgo y se excavó el lugar (antes, sobre el túmulo colmatado, había una cabaña de pastor).

En la excavación se hallaron los esqueletos de más de una cincuentena de personas, la mayoría masculinas y con exclusión de niños, junto a ellos y en lugar relativamente aparte se encontraron trece cabezas agrupadas. El ajuar es relativamente sencillo compuesto por utensilios de piedra, hachas, puntas de flecha, de sílex sobre todo, pero también alguna cerámica y un excepcional cuchillo tallado de un fémur humano, quizás de uso ritual. Otras peculiaridades que presenta la tumba es el hecho de haber sido pintados los cadáveres con ocre, y el haberse encontrado dentro puntos de fuego ¿para iluminación? ¿quizás para la práctica ritual dentro de la tumba? También es notoria la peculiaridad de presentar algunos de los cráneos trepanaciones no causadas por patologías previas.

Es interesante señalar que la tumba fue utilizada sucesivamente durante casi un milenio, ya que se piensa que su construcción puede datarse de entorno al 3.500 a. de C. y muestra signos de haber seguido siendo usada hasta por lo menos el 2.600 a. de C. Los seres humanos allí depositados lo fueron como lugar de primer enterramiento, es decir, no se enterraron sólo sus huesos; sí que los huesos de los anteriores ocupantes probablemente se recogían o amontonaban cada vez que se enterraba un nuevo muerto reciente, y se les enterraba con ajuar, bien que modesto, aunque entre este ajuar se encuentren objetos como conchas marinas que denotan algún tipo de comercio o intercambio de largo recorrido. 

Por el emplazamiento y por los sujetos enterrados me parece razonable pensar en la tumba de algún linaje de jefes, si bien a lo largo del milenio que se estuvo utilizando pudo ser usada por varios linajes que quizás desearan así reivindicarse como descendientes de los anteriores.

Todo esto no describe con todo la emoción de encontrarse, en la más completa soledad y en un lugar tan especial como éste, con un monumento de estas características, la fuerza que poseen sus enormes piedras, el gatear para acceder al corredor y avanzar por él hasta la cámara, el excelente trabajo de la piedra seca con que los materiales están trabados entre sí, una obra de arquitectura prehistórica que provoca una honda emoción, al mismo tiempo que algunas preguntas. 

Como por ejemplo ¿dónde vivían las poblaciones que construyeron estos monumentos? Los valles son demasiado estrechos y poco habitables, en cambio los páramos son más bien pobres y proporcionarían una base material escasa para la existencia de la población, ya que, con una tecnología neolítica, a duras penas podría labrar la pobre tierra de estas comarcas ¿de qué vivían pues? Al mismo tiempo, así como se han hallado vestigios de los enterramientos, no hay de momento hallazgos de viviendas, si bien estas podrían haber estado construidas de materiales perecederos, como la madera, la cañas o el barro, que no dejarían registro arqueológico. 

Sea como fuere, se nos muestra en esta zona una sociedad neolítica que ya rendía un culto a los muertos que implicaba unos rituales de enterramiento elaborados, la construcción de unos túmulos complejos y costosos, una veneración por los antepasados que quiere subrayar la continuidad de ciertos linajes, y una creencia en algún tipo de existencia de ultratumba más perdurable que la breve vida terrenal. 

Lo que nos hubiera gustado preguntarles a estos antepasados nuestros. Cuando uno ve un monumento romano tiene toda una tradición literaria como soporte que ayuda a entender lo que pensaban, lo que creían, cómo vivían, hay una epigrafía que podemos leer. Aquí hay sólo unas piedras, unos huesos, unos instrumentos líticos, con esos datos tenemos que tratar imaginar o suponer el resto. Sobre el páramo sopla el viento y salvo el canto de algún pájaro solitario, el resto es silencio.



 Dolmen de Las Arnillas. Vista del túmulo desde el Este




 Dolmen de Las Arnillas. Panorámica del monumento




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada




Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada desde dentro




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada y de la techumbre




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de los ortostatos del corredor




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del interior del corredor




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada: trabajo de piedra seca




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada: trabajo de piedra seca




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor de entrada




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde el corredor




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde arriba




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde arriba




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde arriba




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde arriba




 Dolmen de Las Arnillas. Vista de la cámara funeraria desde arriba




 Dolmen de Las Arnillas. Vista del corredor desde arriba




Dolmen de Las Arnillas. Panorámica del paisaje circundante visto desde la tumba



Dolmen de Las Arnillas. Dibujo con planta y alzados del monumento





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